miércoles, 8 de mayo de 2013
Oda a Mi Sol
jueves, 2 de mayo de 2013
No soy poeta...
martes, 12 de marzo de 2013
Sueños
Nos vi como quien siempre se ha mirado
miércoles, 9 de febrero de 2011
INCERTIDUMBRE

La alegría, el miedo, la duda y todos los sentimientos estaban a flor de piel: se había cumplido el plazo que ambos habían pactado. Desde la misma despedida sólo habían dedicado su vida a esperar el reencuentro…
Aun recordaban cómo vestían esa última vez: él con un traje oscuro, resaltando su alta y elegante figura, una camisa que contrastaba con su tono de piel, una corbata de seda digna de su persona: todo en él era impresionantemente pulcro; ella siempre tan sensual y provocativa, vestía un pantalón blanco entallado y una blusa de gasa que, de no ser por el sujetador, pocas cosas dejaba a la imaginación, las bota blancas que usó esa mañana hacían que ella quedara casi a su altura… la altura perfecta para que sus labios se encontraran al menor movimiento.
Cómo añoraban, uno del otro, sus aromas. Ella solía usar un perfume tan fresco como la mañana, un aroma que despertaba su libido con sólo recordarlo, una fragancia que lo excitaba por demás, pero al mismo tiempo tenía un cúmulo de sensaciones encontradas: ternura, pasión, alegría, melancolía, tristeza, paciencia y desesperanza… Todo eso lograba en él al usar ese perfume, esa fragancia que parecía diseñada exclusivamente para ella pues con nadie más lograría esa amalgama de aroma-personalidad, un olor que era ella.
Él por su parte era un hombre cuya presencia imponía, no necesitaba ninguna fragancia: era alto y moreno, con una mirada penetrante y una sonrisa enigmática, su voz tan profunda y varonil hacía que ella se derritiera al más leve susurro. Su porte era como ninguno pues ella, al sólo verlo, sentía que la sangre le hervía y se estremecía hasta el último rincón de su ser… nunca antes había sentido algo semejante.
La tensión era mucha y en algún momento debía terminar. Habían esperado tanto para ese momento, pero con todo no sabían cómo reaccionaría uno con respecto del otro: sólo se mirarían o se atraparían en un abrazo, quizá se fundirían en el segundo de un beso eterno… ninguno de los dos era capaz de predecirlo. Las expectativas eran muchas y cada una tan improbable como la otra; eran altas para ambos y al mismo tiempo tan lejanas…
¿Sería todo como antes? Recorrer las mismas calles, los mismos lugares, las mismas diversiones, las mismas amistades. Recordar aquellas tardes de cine, café, de charlas interminables, caricias sugerentes; las noches que pasaron juntos entre sábanas, risas, pasionales caricias y planes a futuro… era como vivirlo de nuevo. En el pasado habían tenido la certeza de un reencuentro pero hoy no había seguridad de un mañana, el futuro era tan incierto como predecir un día soleado en una fría mañana de invierno.
Existía una necesidad urgente de terminar con esa lenta agonía, de verse a los ojos y encontrar en ellos el mismo brillo que estaba al despedirse, de repetir esas tardes de íntima compañía… o de pasar como dos personas que apenas se conocen. La duda carcomía a ambos, era desesperante sentir la lentitud con que avanzaba el tiempo, ver cómo los segundos se negaban a avanzar. Pronto terminaría la espera: la llegada de su vuelo estaba próxima…
Esa última tarde en que estuvieron juntos, entre besos y caricias, habían prometido esperar su regreso y seguir construyendo un futuro para los dos. Ella no pudo dejar de escribir una carta para él cada día; él nunca se desprendió de la foto que ella le había dado con un beso en la esquina. Todas esas ilusiones que, a la distancia, se habían formulado: viajes, tardes, proyectos, noches, sueños, mañanas, un futuro que sólo existía en sus corazones, en sus mentes… en el aire.
Pero pronto todo terminaría, el anuncio de la llegada del vuelo 2534 había hecho eco por algunos segundos en su mente. Su pulso se aceleró. La espera estaba por terminar, la agonía era más intensa cada vez pero la opacaban esas ansias locas de verse nuevamente.
Ella se levantó lentamente, tal como había prometido lo esperaba en el aeropuerto. Presa del miedo pero movida por la duda y, en cierta medida, la felicidad tomo dirección a la sala de llegadas. No estaba segura qué encontraría, pero sabía que sería el fin de una larga espera.
Cuando el capitán anunció la llegada, él sintió cómo la sangre recorría todo su cuerpo. Sabía lo que quería encontrar pero no estaba seguro que fuera así. El tiempo y la distancia nunca son los mejores aliados en estas situaciones, lo sabía, pero confiaba en que sería diferente esta vez. Con la calma y seguridad que lo caracterizaban bajo del avión, respirando lenta y profundamente cada vez, pues por dentro algo lo inquietaba: la incertidumbre. Encontró su equipaje y se dispuso a buscarla… sabía que ella lo esperaba.
Lentamente avanzaban cada uno, buscándose, esperándose y quizá, tontamente, aun amándose. Ella atractiva y sensual como nunca; el tan elegante como siempre. Se vieron a la distancia. Sonrieron. Con paso firme y tranquilo avanzaron al encuentro. No perdían de vista los movimientos del otro. Diez metros. Ella era tan hermosa. Ocho metros. Él era tan guapo. Seis metros. No habían cambiado nada. Cuatro metros. Ambos sonreían. Dos metros. Estaban frente a frente…
Se dieron la mano, como dos personas que se aprecian. Hubo un abrazo de bienvenida que duró lo necesario. No había brillo en los ojos o sensaciones que disfrutar ni recuerdos que revivir… Sencillamente dieron la vuelta y cada uno siguió su camino.
domingo, 6 de febrero de 2011
DESESPERANZA II

Puntual, como siempre, Camila esperaba la hora acordada. Ella había propuesto verse en algún punto de la ciudad pero él se había negado, le pareció curiosa e inentendible la insistencia de Octavio de pasar a su casa, sin embargo no lo contradijo. Apenas dos minutos de la hora señalada sonó el timbre de su casa. Con la calma de una persona que espera a un amigo de confianza tomó sus cosas y salió a verlo. Todo era informal, no había una razón para disfrazarse como solía decir ella; sería una tarde de café y conversaciones, probablemente, sin sentido alguno.
Se saludaron como si fueras dos amigos que no se han visto en mucho tiempo: hacía apenas tres días que habían hablado por primera vez aunque se habían visto casi a diario los últimos dos años. Él, demasiado caballeroso para lo que ella estaba acostumbrada, abrió la puerta del coche para que subiera, al entrar en el auto comenzó la típica conversación de ¿cómo estás?, que bueno que tenías tiempo, hay que salir de la rutina, te parece si vamos a tal lugar. Al fin llegaron a un café que estaba en el centro de la ciudad, un lugar tranquilo y bastante casual para conversar. Comenzaron con comentarios sin importancia, desde el clima hasta las el por qué nunca se habían hablado; compartieron varias anécdotas, coincidencias, chistes y tantas cosas más que Camila no notó con cuánta rapidez pasó el tiempo. Esa noche al estar en la puerta de su casa despidiéndose, Camila no podía dejar de reír al ver a Octavio dramatizando algunas experiencias. Era un chico tan agradable que se preguntaba cómo no le había hablado antes.
Sin duda sería una gran amistad la que se formará entre nosotros, pensó Camila mientras se preparaba para dormir, era un chico agradable, amable, la hacía reír, pero sobre todo era inteligente, no como los últimos chicos con que salió. Mientras terminaba de lavarse la cara llegó un mensaje a su celular, ¿quién puede ser a esta hora?, al leer el mensaje esbozó una sonrisa: era Octavio agradeciendo la tarde tan amena.
Esa fue su primera salida y como esa fueron varias. La compañía de Octavio era tan agradable que Camila no se dio cuenta de nada hasta mucho tiempo después, el tiempo necesario para no poder dar marcha atrás en sus sentimientos… pero ahora esta noticia la dejaba perpleja, pues esperaba todo menos lo que le acababa de decir…
viernes, 21 de enero de 2011
DESESPERANZA I

Ese día todo cambio para Camila. Nunca pensó recibir una noticia de ese tipo… esa noticia.
Desde hacía meses, cada día esperaba que su teléfono sonara con un mensaje de Octavio. Muchos de esos días fueron en vano, otros contenían un breve saludo pero nada de lo que ella esperaba. Muchas veces se prometió que no lo buscaría, que lo dejaría ir; se reclama el que siempre era ella y nunca él quien mostraba interés, un interés que –en el fondo- no estaba segura que en verdad existiera. Nunca cumplía su promesa: al cabo de unos días buscaba cualquier pretexto para saber de él.
Solía tener una vida tranquila, sin presiones o sobresaltos, con lecturas y cafés, amigos y… sí, Camila sabía que esa parte le hacía falta: una pareja. Nunca había sido primordial en su vida tener a alguien, se sentía querida y protegida por las personas que estaban a su alrededor, incluso la tarde que conoció a Octavio no pasó por su mente la idea de que podría existir algo entre ellos. Una extraña coincidencia hizo que saludara y conversara con esa persona que solía ver casi a diario pero que, hasta entonces, no había despertado interés alguno en ella.
- Un día te invitaré un café –dijo ella después de un rato de conversar
- Mejor te lo invito yo. Siempre es agradable tener una bella compañía, más si hay una excelente conversación, como la de hoy –dijo Octavio dirigiéndole una gentil sonrisa.
Intercambiaron sus números telefónicos y se despidieron con la promesa de salir muy pronto. Camila no esperaba que ese día fuera pronto (lo que es más: dudaba que pasara), sin embargo al tercer día recibió un mensaje de Octavio al que ella contestó sin otra intención que cimentar una posible amistad: saldrían esa tarde…
lunes, 18 de octubre de 2010
L'amore è...

Domando, cosa è l'amore?
L'amore è niente
se tu non stai con me...
L'amore non è l'alba
perché il tuo sguardo
non riflessa la sua luce.
Posso incontrare l'amore
nelle gocce della pioggia
che bagnano il mio corpo?
Posso... Soltanto se tu sei con me...
Voglio gridare e domandare
a tutto il mondo:
cosa è l'amore?
... e solo io ho la risposta:
L'amore sei tu...
viernes, 6 de agosto de 2010
Mis noches sin ti no son las mismas...

En su dulce y duro regazo de oscuridad y soledad,
la noche siempre, siempre me cubrió,
observar las estrellas en ese ciclo de cambio constante
era mi única ilusión...
Nunca antes pude ver que otras cosas podía yo añorar,
que tras una noche fría y llena de soledad
un día soleado, con ilusiones, podía yo encontrar.
¡Oh, pobre de mí!
Sola y triste cada noche encontrar mi alma,
sin un consuelo al cual acudir.
Pero una noche,
la más sombría y triste
de que tuviera razón,
apareciste poniendo fuego
en mi debil corazón.
Desde entonces
los días cortos se hicieron
y las noches largas fueron
pues tu compañía era un gran consuelo...
Verte aparecer a la distancia
fue la más grande alegría que por muchas noches
mi corazón albergó...
Las largas conversaciones,
las risas interminables,
los secretos canfabulados
y tantas cosas más
que cada noche juntos hemos pasamos...
Hoy siento nostalgia por aquellas horas
de pláticas sin fin...
de esas cotidianas esperas nocturnas...
Mañana quizá me abrume la añoranza
pues se que muy pronto no serán más.
El destino, ese cruel amigo, nos juega una mala pasada...
La distancia, el tiempo y el espacio
darán paso a un silencio interminablemente triste...
Pero un día nos encontraremos
y esas noches serán transformadas
en interminables días,
esas noches darán paso
a nuevas alegrías
y hasta entonces
mi corazón sonreirá de nuevo...
domingo, 23 de mayo de 2010
CIEGA...
Las cosas eran diferentes. La última vez que colgó el teléfono ella sentía que sus ilusiones se desvanecían, eso que siempre se negó a creer que pasaría se acercaba. Muchos habían vaticinado que sucedería de esta manera pero ella, crédula de él, se negó a ver una realidad tan tangible como el viento...
Estaba rota por dentro. Cómo era posible que esto le pasara a ella, antes de decidir pensó mil y un veces todas las alternativas pero él se oía tan convincente que no pudo más que sucumbir ante su sincera insistencia. Todo había sido maravilloso: las llamadas, los mensajes, las salidas, supresas y detalles... en verdad él la hacía sentir especial. Ella por su parte hacía todo cuanto estuviera a su alcance para corresponder a ese sentimiento de bienestar, de manera casi imperceptible empezó a cambiar so pretexto de ser una mujer a su altura. Pero poco a poco las cosas fueron cambiando hasta que la comunicación se hizo poco eficaz. Aun se negaba a creer que las cosas estaban pasando de esa manera, se negaba a ver esa realidad tan palpable como la sonrisa de un niño…
Ese día al estar hablando con él se dio cuenta que en su tono de voz existía cierta frialdad y lejanía, es cierto que desde hace varias semanas estaba presente la agonía de no saber qué era lo que pasaba pero esta vez fue más notorio. Él no tenía nada que contarle y ella no quiso insistir. En su corazón iba sintiendo una lenta y amarga agonía al pensar que todas sus ilusiones se iban al bote de basura, todos los sueños habían sido en vano; las palabras que él había usado para enamorarla habían sido un castillo de arena que el aire se encargó de desmoronar. Los planes de viajar, de adquirir, de construir una vida juntos no fueron más que un cruel engaño de su parte pero ella no estaba dispuesta a sufrir. La realidad que tanto se había negado a ver ahora era tan cierta como su reflejo en el espejo…
Las cosas serían diferentes a partir de hoy. Sería la última vez que ella colgaba el teléfono pues sabía que sus ilusiones estaban hechas trizas, ahora podía ver que el final estaba saludándola. Lo que muchos habían vaticinado se cumplía, todo lo que ella temía estaba sucediendo convirtiéndose en una realidad tan indiscutible como el hecho de respirar
sábado, 15 de mayo de 2010
Nada...
Nada, nada, nada...martes, 16 de febrero de 2010
HOY NO...
Cada día al despertar mi primer pensamiento vuela a ti, queriendo dcirte lo que este corazón encierra tal cuál prisión. Pero hoy he decidido no decirte lo mucho que te quiero, lo que significas para mí... Hoy decido no repetir las palabras que -costumbre vana- has escuchado a diario, decido no hacer caso a mi corazón y vivir mi vida, sin que alguno de mis pensamientos dependa de ti. No quiero volver a caer en los mismos vicios de esperar tu llamada y escuchar tu voz, esa voz que me hace vibrar hasta la última cuerda de mi ser.
Hoy he decidido que no te diré lo que siento, que dependo de ti, no diré que eres mi única razón de hacer las cosas, de vivir... no diré que eres tantas cosas en mi vida... NO, HOY ME DARÉ UN BESO A MÍ MISMA PARA NO GRITAR QUE TE AMO...
martes, 19 de enero de 2010
SUEÑOS DIURNOS
¿Y qué más da? sábado, 29 de agosto de 2009
COMO UNA ORQUÍDEA
Ella estaba harta, cansada de esperar y frustrada por las falsas promesas. Muchas estaciones habían pasado desde la despedida: la orquídea que el le había dado antes de partir como símbolo permanente de su amor, iba a florecer por tercera ocasión pero había decidido dejarla morir, tal como había pasado con su amor... Los primeros meses hubo llamadas constantes, largas y llenas de ese romanticismo meloso característico del amor idílico. Pero todo cambió, poco a poco y de manera casi imperceptible. Las llamadas se hicieron cada vez más espaciadas y frías, sólo justificadas por los pretextos de siempre: Tengo mucho trabajo, me quedé dormido, estoy cansado. Ella temía lo peor.
sábado, 8 de agosto de 2009
DE SAPOS, GÜEYES Y REYES
Érase una vez , hace mucho tiempo, en una Angelópolis muy distinta a la ciudad de Puebla, 'onde yo nací', una linda chica que tenía fama de llevar una vida besadora... bueno, en realidad esos labios besadores aun existen y han besado a lindos y feos, raros y normales, reyes y güeyes. En fin como se dicen los cuentos: muchos sapos y pocos príncipes. de hecho ninguno.Esa fama de besadora la adquirió en realidad gracias a su querido amigo y consejero Sanchón, pues era a él a quien le contaba todas sus penas. Sanchón llevaba un registro casi perfecto de cuantos sapos, reyes o güeyes había besado y con más pena que gloria era bien sabido por ambos que hasta ese momento había besado más güeyes que sapos.
Tan conservadora educación había recibido Priscila en casa que sus labios inmaculados -bueno quizá ya no tanto- no querían besar al sapo -o guëy- equivocado -de nuevo. Así que con resolución a Sanchón un día informó:
-De los placeres de la carne me alejaré y por el camino de Dios andaré.
Sanchón un poco consternado y casi incrédulo le contestó:
-¡Oh Priscila! el Señor mis ruegos oyó. Pero cuéntame ¿que te llevó a tomar tal determinación?
Priscila con una tierna pero triste mirada le contestó:
-Hombre para mi en la tierra no hay. Tú Sanchón los has contado bien. Muchos güeyes, algunos feos, pocos sapos y casi ningún rey. Yo creo que el amor para mí no es.
-¡Jamás menciones eso! –dijo Sanchón-, el amor en algún lugar para ti debe estar, pues ninguno de los que has besado lo ha hecho realmente tan mal ¿o si?.
-Sanchón, Sanchón, tú siempre con ánimos para el bueno humor, pero debes saber que en el recuento no saldrás ganador -Priscila contestó.
- El primero que recuerdo es aquel joven encantador. Uno de buenas galas, ese que tanto te quería que, sin razón alguna, hasta de mi se molestó.
-Sí Sanchón lo recuerdo. Recuerdo ese primer beso tan sublime y celestial, con ese beso hasta el cielo fui a dar –dijo Priscila y en su rostro se notaba cierto buen recuerdo, o mejor dicho, sabor de boca-. Lo recuerdo, Sanchón, a ese chico encantador, el mismo que decía quererme y al final con otra me engañó. Ah! Sanchón sin ti y tu hombro el llanto no habría soportado
- Bueno- dijo Sanchón- no siempre lo que se ve es lo mejor. A pesar de ser encantador no dejaba de ser un albañil pecador que hasta una cachetada se ganó. Probemos con otro. Recuerdas aquel Jefe de buenos sentimientos?
-¡¡¡Claro!!! Cómo olvidar al Jefe Ciego –dijo Priscila suspirando mientras Sanchón la veía – recuerdo aquella noche en que su boca me besó, aquella noche estrellada en la torre mayor. Sus besos de ensueño, sus caricias suaves son, pues aun hoy las recuerdo y se estremece mi corazón.
- ¡Ah Priscila! Él mismo te ha de recordar con cierto cariño y un poco de pesar.
- ¿Pesar Sanchón? ¿Por qué lo decís de esa manera? ¿Acaso no fue él quien terminó la besucona relación?, ese Jefe Ciego… – y con un suspiro hondo Priscila escuchó a Sanchón-
- Con pesar, Priscila, porque tú al cielo lo llevaste y a Dios lo acercaste aquella tarde de domingo en que dichosos huyeron a un rincón apartado del mundo entero.
- Sí, Sanchón. Cómo olvidar esa tarde en que juntos la pasamos y de alegría convulsionamos… Pero sigamos nuestro recuento, ¿a quién más tienes en mente?
- ¿Uno más? Que tal aquel que caballero andante, con sombrero de ala ancha, macho, pelo en pecho que le llegaba hasta la nariz, aquel que se decía era pariente de un zapatista, ¿o un villista? y que buscaba un amor, un amor que creyó encontrar en vos. Para más señas de él, es aquel que no quería ni pagar un café.
- ¡¡Oh Sanchón!! Grande es mi desgracia pues aun cuando no le quería dispuesta estuve hacer cuanto él me decía. Sus besos fueron… -hizo Priscila una pausa y lo pensó- … cualquier cosa sin intención. Reflexionando mejor, él de la menor importancia en mi vida careció, pues sólo era el querer a alguien con quien pasarla mejor. Mi amiga Mana, su vecina, me lo advirtió: “es un hombre terrible, no tengas relación con él”, pero prefería hacer caso a su hermano mayor: “buen muchacho mi amigo es, de lo mejor que puedes ver”.
- Ese último que recuerdo, ese hombre vil y siniestro, aquel engañarte no pudo porque era muy tontejo. Un hombre que quiso embelesarte y un hijo clonado enjaretarte. Pero, Priscila, ni un pelo de tonta tienes… bueno quizá dos o tres, pero sólo eso. Al menos de ellos te has librado y tu decisión has tomado.
- Si Sanchón, pero gracias a ti he recapacitado. Seguir el camino del Señor había decidido, pero ahora he comprendido que llevar a los hombres al cielo es mi destino...
domingo, 14 de junio de 2009
¿AMORES?

miércoles, 13 de agosto de 2008
ERRORES
Y él llora… no sabe qué ha pasado, por qué ha actuado así, la ha perdido… lo ha perdido todo…
- La amo- duda - ¿la amo?
- Si la amarás no te hubieras ido, no la habrías hecho sufrir- dice una voz en su interior
Claro todos lo saben. ¡Hasta un ciego lo vería! Él la había lastimado y de la manera más cruel.
- Pero no la engañé. Ella siempre supo la verdad. Fue ella quién decidió arriesgarse sabiendo lo que podría pasar- se justifica
- Es cierto, ella siempre lo supo, pero tú la engañaste al enamorarla: en cada beso, cada abrazo, cada rose y cada mirada. Tú fuiste el que la cobijó y abrazó cada noche, toda la noche… muchas noches- dice la voz en tono de reproche
Ambos tenían razón. Ella siempre supo que él amó en sobremanera a la otra, esa otra que siempre fue una sobra bajo la cual aprendió a vivir tratando de estar siempre a su altura. Ella sabía que él nunca podría olvidarla, lo que es más, sabía que un día regresaría a buscarla, pero este pensamiento desapareció con cada “mirada tierna”, cada beso y cada “te quiero” que, en el fondo, expresaba el esfuerzo que hacía por quererla.
- Pero ella tuvo la culpa, se arriesgó, pero el destino no estuvo a su favor
- Sí, se arriesgó-dice la voz – y puso todo de su parte. Se jugó todo por amor. Tú…-la voz ríe sarcásticamente- no supiste valorar, no pudiste ver. Cualquiera sería feliz con ella. Pero tú la dejaste ir, y para qué…para que te quedaras sin nada. Perdiste lo más valioso de tu vida…
¿El pensamiento de ella desapareció o decidió vivir engañada? Engañándose cada día en que esos labios que la besaban decía “te quiero” y no gritaban silenciosos lo mucho que extrañaba a la sombra, esa maldita sombra como ella solía llamarla.
- ¿Lo más valioso?- piensa –lo más valioso…- asiente -…pero también lo hice por amor…
- ¿Amor? Qué puedes saber tú de amor si nunca lo has sentido. No confundas el amor con la pasión. Tú fuiste tras ella pensando que se echaría a tus brazos y al darte cuenta que no era así decidiste regresar por el premio de consolación. Pero ella no es eso y lo sabes muy bien- recrimina la voz
Un día, cuando para ella se había desvanecido esa sombra, él viajó so pretexto de causas familiares. Y estando en su destino le llamó. Inenarrable fue su sentir al saberse engañada, traicionada…explotó un cúmulo de sentimientos encontrados al oír de esos labios, que en otrora le dijeran palabras de amor, el lugar y con quién estaba. Se sintió morir, pero no lo demostró. Contrario a lo que él esperaba ella lo tomó con cautela y, con un tono dulcificado, se limitó a decir: “Has lo que tengas que hacer. Hablaremos a tu regreso”
- ¿Qué ganaste al irte?- pregunta la voz
- Quitarme una venda de los ojos… bueno dos- responde él con cierta tristeza
- Pero de nada sirvió, ya es muy tarde. Fuiste un tonto… fuimos tontos, yo al no hacerte ver las cosas a tiempo- afirma la voz.
A su regreso hablaron. Él venía triste y derrotado, pero con la seguridad de que todo sería igual. Ella no es tonta. En el tiempo que él no estuvo tomó su tiempo para llorar, pensar y redirecionar su vida. Él le contó su pesar. Ella lo vió llorar. Lo abrazó con el mismo amor de siempre y de no haber sido por la maleta que hasta ese momento notó al lado de ella, las palabras que salieron de su boca habrían sido las más maravillosas.
- No te preocupes. Todo pasará.
Tomó la maleta y se dirigió a la puerta. En su ausencia tomó la decisión de sacarlo de su vida. Con mucho dolor y lo mejor que pudo exprimió todos los recuerdos, toda la esencia, todos sus besos y caricias, todo lo que pudiera tener de él en su ser y lo dejó en el closet, ahí donde él pudiera sentirlos constantemente. Él pávido observaba. Incrédulo la miraba. No podía hacerle eso, y aunque en el fondo le daba la razón al mismo tiempo le suplicaba que no se fuera. Ella volteó y con la mirada le dijo: “Te arriesgaste y perdiste”
- Pensaste que siempre estaría ahí para ti. Tu error es que nunca estuviste ahí para ella
- He perdido lo más valioso de mi vida.
- Y lo lamentarás toda la vida, yo me encargaré de ello
Tras esa sentencia él se sienta al lado de todos los recuerdo y grita hasta que retumba todo su ser.
Y él llora, como lo hará el resto de su vida… y él llorará amargamente…


